13 de diciembre de 2008

.

Cuéntame si sonríes
Dime cuáles son las líneas
que te bosquejan el párpado.

De mar a marea esta savia nos improvisa
Ardemos en el tránsito celeste
Como un sueño
Como un subterfugio incorporado al oleaje.

Cuéntame cómo es el sol allá afuera
Dime si sonríe la luna en este hartazgo.

10 de diciembre de 2008

Bodhran

Pajarito alas filudas sobrevuela los verdores del omóplato. Sus pequeños cortes abren gajos de piel. La savia mana chorreando fertilidad al mundo, como si una pluma nos dispensara células a nosotros que somos animales vulnerables.

Hubo un tiempo en que sus patas tensaban las hebras de las hilanderas, y el tejido iba adoptando formas físicas, pastoriles y leyendas.

Pajarito alas filudas baila coros para los dioses
Luego cae a un charco, empapado de estrellas y líquido seminal (Es un fertilizador en el cabello de las Ménades)

Todo héroe se precia de animal en el momento en que asume la fiereza de su conquista.

Paráfrasis del Envoltorio



Era un pez azul
que simulaba magia
en las noches de lluvia.

Maleza:

Acariciar con los dedos
el movimiento
del agua.

Taciturna

es un hada despeinada
que juega a acariciar
las escamas
de los peces.

Preámbulo de Distracción

Entonces, yo miraba hacia el otro lado
como si todos nuestros monólogos
semejaran lanzas
o ventosas
de sanguijuela.

Nran Guyne

Fotografía: David Velez. Nueva York. 8 de Diciembre de 2008.

Un poco de calma (Cecilia Vicuña)

Y nos acostamos desnudos
como si fuéramos a hacer algo
y no hacíamos nada más que rozarnos
pecho con pecho
mis pezones
y los tuyos
los míos blandos
y los tuyos duros
Yo te los ponía en la boca
y tú te arrancabas
y me decías:
"Cecilia, yo no respondo
si tú..."
y yo te dije:
"No importa que no respondas
porque yo no te voy a
preguntar nada".

9 de diciembre de 2008

Decúbito dorsal

Nuestro primer hijo nacerá de pie
con la carne al aire
y antifaces de espuma.

No sabremos cómo decirle, y cuando debamos explicar que tú y yo... Entonces inventaremos morisquetas y sonreiremos mordiéndole suavemente las manos.
Enterraremos el exceso de placenta y su alumbramiento será siempre un próximo parto, un hermano bastardo, un coito a medio terminar, porque los telares son también agujas que desenhebran colores en los volantines.

Nuestro primer hijo vendrá de espaldas,
como si al hacerlo
tú y yo nos hubiésemos mordido
las zonas frágiles del abandono.

Su llanto será un enredo de Corrihuelas floreciendo a los pies de nuestra madriguera, y cuando se mueva celebraremos la pulcritud con que la naturaleza asoma, siempre tras un cardo con su violeta a medio usar. Yo le diré cuánto omitimos y que el verbo es un accidente contradictorio en la precisión de su juntura.

Nuestro primer hijo traerá un salvajismo inadecuado.

Entonces, lo llamaremos "Gnomo del Bosque", "Caracolito Disperso", "Salto de Agua" y luego lo cargarás sobre tu espalda balanceándolo como un carrusel que ante la sombra (no) cede.
Cuando lo veas venir de este abrasador agujero, toca levemente sus ojitos aferrando tu boca a la premura.

Nuestro primer hijo nacerá húmedo
y yo voy a lamerlo hasta sentir que es mío,
tan de coralitos y líquenes y musgos
que luego deberé dejarlo ir.

Tú vas a decirme que ya está, tocaremos el vacío que me nace en la matriz y nos repetiremos concienzudamente que se hace tarde, y ya no estamos para estas cosas.

8 de diciembre de 2008


Inquietud del Sosiego

Decir que basta un terroncito de azúcar, dibujando mentalmente un viaje en autobús.
Un conejo, un papelito blanco escrito en clases durante el primer día. Aquellos muros con epígrafes y lamentaciones.
Una manzana; un triángulo isósceles. Doblamos la página 14 de ese libro que nos grafica la soledad.
Y vamos viendo. Y vamos coreando seguimientos o carcajadas. Todo mental, como si la llamarada nos extinguiese.
Decir que nos gusta el marrasquino, que somos lobos, que no tenemos miedo, y morir de rabia y de amor conformes a los estímulos que el agua genera.
Conocer las cosas por sus nombres pero aún así bautizarles el borde. Por ejemplo, a una cereza llamarla "Amparo" o decirle "no me olvides" al gato de cerámica.
El cuerpo continúa siendo un diccionario de cambio constante. Nos lo revela nuestra última sonrisa, el siguiente parpadeo, la crucifixión de las mariposas; como tú y yo confesando diademas bajo la lluvia.
La madre le dice a la hija que un suspiro jamás estorba. Ella, en cambio, cierra la boca, pues no soporta la pesadez de su onomatopeya, y masticar es cuestión de costumbre.
Inquietud que el sosiego genera. Descubrir en el suelo una fotografía tamaño carnet o vernos a ti y a mí bajo un paraguas en pleno día soleado.
(El sujeto de la imagen sonríe. Sostiene un bolígrafo. Escribe su nombre, pero no se convence)
Los perros mueven la cola.
El aceite saturado de los fritos de coliflor es un laberinto semejante a la intervención de los monólogos. Como cuando yo pienso en dientes de león y te transmito telepáticamente el mensaje. Entonces, tú elevas un deseo por mí y yo nada más soplo, mirando el cielo que enrojece.
Yo te diría que insignificancias como ésa inspiraron "Alicia en el País de las Maravillas", sólo que ella merodeó el vértigo que nosotros jamás pactamos.
Decir que somos anfibios y declararnos constitutivos de aquella taxonomía. Habrá que analizar las variaciones del agua, los cambios climáticos, la muda de piel.
Sentarse a esperar el paso de un tren o escuchar cómo un reloj canta desenfrenadamente las doce.

7 de diciembre de 2008

Universalis

Resucitan los dioses/ nos quedamos mirando/ yo te muerdo/ tú te mueves/ la marca de mis dientes te enrojece/ doblas la servilleta/ juntamos los labios/ la yema arde/ abrimos las alas/ escribimos cartas/ nos besamos bajo las sábanas/ sellamos el sobre/ despierta la crisálida/ mueves la lengua/ no hallamos remitentes/ aceptamos el fracaso/ te hablo de la nieve/ incrementamos la sed/ entintamos los espejos/ carecemos de acentos/ miramos las alas de los pájaros/ gritamos como plumas translúcidas/ yo te digo "afuera llueve"/ tú me respondes que la lluvia es una bendición para los aprendizajes/ te miro/ me muerdes/ yo dibujo pecesitos en tu palma/ sus escamas son fósforos en esta oscuridad/ nadamos en los charcos/ cabemos en una cascarita de nuez/ el mar nos mece/ el cuerpo nos mece/ las palabras nos mecen/ las calles están cubiertas de azucenas/ tomamos distancia/ te miro de reojo/ abres levemente la boca/ te desabrochas el primer botón/ alucinamos con la idea de sernos extraños/ nos perdemos en las esquinas/ nos muerden los perros/ traes un gato/ su lengua nos empapa/ barquitos de papel/ los dedos son diademas/ tú cantas/ te lanzas encima de mí con tus pecesitos dibujándome gotas sobre el ombligo/ bajas/ observas con afán el tornasol de las polillas/ cae el polvo/ se distiende el mar/ un verbo sala todo maleficio/ las palabras son brazos que la gente esconde/ tengo un silencio tatuado como A/ nos quedamos mirando/ yo te muerdo/ tú te mueves/ la marca de mis dientes te enrojece y yo te canto porque esta fortaleza es lo único que podemos resistir.

Aullido de perla

La luna vino a bañarse
a los pies
de un anfibio mojado.

6 de diciembre de 2008

( ... )

Deslizarme por tu espalda
como un caracol
ardiendo en sal.

.

Carrusel de Anfibios:
Sustancia sonora
que a la hembra marea.

Vestido de música y rompecabezas


Silabar

Marcarse una A
en mitad de la boca.

Decir un monosílabo
que comience con C.

Fuente ovalada

Hundida ahora en la humedad de tus pestañas
separo cada vello inventándoles seudónimos.
Algunos, avergonzados van crispándose con el tacto.
Otros permanecen allí como subrayando
nuestro ritual de iniciación.

Luego bordeo tu lagrimal
y tibiamente lamo el agua cristalina.

(El fuego es recóndito
anfibio
y discreto)

...

Llegas en mangas de camisa.
Te desabrochas el primer botón.

5 de diciembre de 2008

contemporánea


End

Bertoni le dice a Cecilia
que es como un cambuchito.

Tú me dirías lo mismo
si vieras cómo junto piedritas
para guardarlas dentro de un ropero
donde tú y yo jugaríamos
a no estorbar.

A cambio, me escribes:
Como punto final, me duele perderte...

29 de noviembre de 2008

Antifaces

No son los álamos
sino aquellas pelusas bautizadas como destino
las que me producen alergia y estornudos sucesivos.

Es tarde.
Los pájaros alimentan a sus pichones
que agitan las alas para mantener el equilibrio.

De pronto yo
te miro aquella parte del cuello
reservada sólo para las ocasiones especiales
y en tu disfraz asoma
algo parecido
a un recoveco de silencio.

Ella dice:

Puede la mejilla hundirse en témpera y temperar los bordecitos de un eclipse.

Él dice:

Subo una montaña y en la cima tus manos...

27 de noviembre de 2008

Corazón de Amapola:
Téjeme un espacio de tibio espejo
alrededor de esta sombra
que me sigue
y no me deja.

23 de noviembre de 2008

Coleóptero (Secreto Chino)

Y que me vivas 72 horas adherido al cuerpo como un puñado de lepras y toses y acentos finales que remezcan cada doblez de mi fibra; tan pluscuamperfecto en esa cara de impasible talento.

(Gastado y gestado desde la vértebra. Pulsado y ciego a mis rasguños de letras)

Y que me finjas y me busques con la indiferencia más absoluta
mirándome y cediendo desde tu acuario
porque las serenatas son paja molida
en el cuello de los cazadores.

Buscarte un surco en mitad de la espalda
y cuando descubra el punto álgido de tu ingle,
morderla y descubrir si pestañeas con una lágrima a punto de brote.

Este reino es todo un castillo edificado con arena de tu dermis.

Si quieres que empuje los verbos con la lengua, acércame a la orilla del trazo.

Éste es un puente insondable
para peatones de callejones oscuros.

Servilleta

Derramar de cara al sol
lengua de ortiga
preámbulo de fuga
dime sí
con la incoherencia del atraso
el brote la semilla.

El sudario la sangre
el colgajo el cuerpo
la noema.

Que se ría Satán
la salmuera
duele
pica
estorba.

Mi boca se hunde
en los bordes
de tu página
en blanco.
A.
Escribir una carta

B.
Sellar el sobre con saliva

C.
Obviar las mayúsculas y minúsculas
del nombre
y también la dirección
del remitente.

Arte Poética

I
Después de coserme la heráldica de tu reino, desperté aferrada a aquél hilván y esta fábula y esta ternura, este pedacito no lugar ajusticiado por un recoveco otro; la esquina la ráfaga el cuerpo; los verbos consumados con apóstrofes; la utilización del deseo en tanto nombre. Ese día vinimos gastados la noche. De noche te pensaba y sin querer fui recortándote con los dedos.
La multiplicidad de mis personajes me causa cosquillas, como si cada vez los inventara según las necesidades del caso.
Yo quería preservarme como un aminal en formalina. Por eso el agua. El agua es el hábitat de los que abren sus párpados al dormir y levemente sonríen apegando sus labios a las fronteras de los acuarios.
No obstante la invención de la noche, el trazo desbordado en la esquina de mi escritura. Todo como una profunda intemperie y el laberinto del fuego.
Somos cómplices de todos los exilios. Entre mis letras no me pidas la palabra "felicidad". La felicidad no tiene ritmo, no tiene cuerpo. La felicidad es un futuro en nula complacencia.
Saltar la cuerda con los pies ortigados y la roncha es una nueva escritura.
Siempre en el agua debajo del agua encima del agua.
Yo inventé seudónimos para todos los nombres de mi vida.
Yo atravesé descalza el umbral del otoño y sus cadáveres arbóreos. Luego te expliqué cómo crujían las nervaduras entre mis sábanas y tú te estremeciste, porque el frío era atroz.
Entonces, firmé un pacto implícito entre signos de interrogación, donde tú no tendrías nombre; porque el destino de mis letras no estaba en ti sino en el salvajismo de mi aprendizaje.
Y fui lamiéndote con mi lengua de púas y poco a poco nos absorbimos borrando toda nueva y próxima experiencia.
Recién ahí me regocijé con la fortuna de encontrarme con una nueva página en blanco.

II
Escribo
de torpe
de incapaz
de vergüenza
de noche
de ritmo
de agua
de útero
de cuerpo
Bajo las sábanas
bajo los nombres
bajo la molestia
bajo la piedad
A oscuras
a hurtadillas
a conciencia
Desde la carencia
desde la orfandad
Desde la imposibilidad de morderte el cuello
y fluir nadando en el borde de tus anchuras
Escribo
porque me cuesta
porque descubro
la hipocondría
(Anfibia perfumada en los márgenes de la hoja)
Escribo desnuda tocándome las piernas
Escribo fijándome principalmente
en los dobleces y las formas
Escribo para castigar
la fecundidad de mi madre
Entonces me autocompadezco
pensando en lo que jamás haré
Escribo cuando el frío
nos arroja a la intemperie
y comemos nieve
con cubitos de azúcar.

19 de noviembre de 2008

Retórica Absoluta

Las anfibias tienen los ojos aguados
como si la noche les corriera sobre los párpados
y su sinónimo estuviera encadenado a la metástasis.

Cuando sonríen,
cuando una leve margarita asoma
por un recodo de sus mejillas,
esa ausencia nocturna se les transforma en fortaleza
y ellas dicen sí.

Están corroídas por el miedo.
Tiemblan de sueño y de amor
pues saben que las palabras viciadas
son la mejor excusa
para evadir el ritual de encaramarse unas sobre otras,
y atravesar resbalosamente un muro
cobarde y ajeno
como el cuerpo de los peces.

16 de noviembre de 2008

La noche de los peces

La noche de los peces.
Las aletas de los peces.
La cola de los peces.

Los peces se mueven en su acuario.
Un acuario es una cárcel transparente.
Acuario es un signo zodiacal.
Los hijos de Acuario nadan.
El acuario es un iris cristalino.

Los peces pestañean pero no sabemos.
Las pestañas de los peces encienden las noches de la vulva.
En la vulva naufragan peces y espermicida.
Los espermios son peces en leva.
A los peces en leva se los besa con un golpe de pulmón.

Los peces no tienen dientes.
Los peces muerden con los labios.
Los labios de los peces no pronuncian palabras.
Las palabras de los peces queman.
El silencio de los peces es feroz.

Un pez es una nostalgia amalgamada al destierro del otoño.
En otoño las hojas crujen.
Cuando los peces caen de los árboles, adiestran una semilla poco amable.
El brote de los peces genera burbujas.
Sobre las burbujas resbalan los cuerpos.

Naranja.
Naranja.
Anaranjado.

A veces un sólo pecesito púrpura.
Al pecesito púrpura le preguntan por sus manos.
El pez púrpura tiene amoratados los brazos.

Los peces se cosen trajes con agujas que les cortan el vacío.
Los peces recortan figuritas origami.
Los peces duermen sobre sábanas de líquenes.

Por primera vez, los peces sangran.
Por segunda vez, los peces sangran.
Los peces sangran de mirarse a los ojos.

En el léxico de los peces no existe la piedad.

(Descubrir la anarquía del pez púrpura)
El pez púrpura excava la arena.
Agujeros en los ojos de su sueño translúcido.

Los peces bucean naufragan tragan.

Sin embargo los peces.
No obstante los peces.
Quienquiera que los peces.
A veces los peces.
De momento los peces.

Los peces generan castigos y lazadas.

Cuando duele.
Cuando duele.
Cuando duele.

Sonríe una anfibia
y un pez de repente
le corta la inspiración.

23 de septiembre de 2008

Ámbar enrejado

Siempre seremos
animales frágiles
rodeando con las garras
el filoso lamento
de la noche.

Ternura

Perder es cuestión de tiempo.

Yo te quería

Y de golpe
me dijiste "basta".

.


22 de septiembre de 2008

Participio

Tú sabes
que si estuviéramos juntos
te besaría en la boca
y beberíamos té
con aroma a canela.

Sonreirías bastante.

Me recordarías,
quizás.

...

Ven
escucha y dime
si no es hermosa
la sordera.

°°°


.

- El pez de color está tan triste - dijo Delia mostrándole el bocal con piedritas y falsas vegetaciones.
Un pececillo rosa translúcido dormitaba con un acompasado movimiento de la boca. Su ojo frío miraba a Mario como una perla viva. Mario pensó en el ojo salado como una lágrima que resbalaría entre los dientes al mascarlo.
(Julio Cortázar. "Circe")

21 de septiembre de 2008

.

Elaborar un tilde
invisible para el nado.

Ornamentación del agua


Revistas antiguas, de principios de siglo

Siempre noctámbula, la Anfibia baila a merced del Carrusel. A veces galopa sobre caballitos con expresión de miedo. Otras, simplemente encima de la tarima, con las patitas colgando y una sonrisa penosa triunfante sobre el relámpago y el lagrimal.
Es cuando las luces parecieran detenerse, que el único Anfibio prodigioso en vectores y ecuaciones matemáticas le declara la (in)dependencia, tomándola por el costado para invitarla a girar en el próximo bis.
Ella lo mira como buscándole en la cara la solución al Teorema de Pitágoras, aunque él se encoge de hombros señalando la única ramita viva escondida en el laberinto de su pelo.
Entonces, ambos anfibios resbalan por los belfos y el relinchar de los equinos ensordece a la laguna, que duerme.

El secreto de Epifanía:

Cuando toda boca
en vez de hablar
se inclina silenciosamente
hacia la cúspide de sí misma.

Una hoja de trébol


-Y lo dejó para el Domingo-

Mencionar y escribir el verbo
antes y después
de habitarlo.

Osa Mayor

(Echar la red
y luego burlarse
del clima que hubo
en plena faena)

Divagación Neta

(Esta noche
pareciera que mi cuerpo
sonríe
como tu leprosería)

.


Filamento Menguado

Mi jinete sobre la luna tiene un espacio en mitad de la boca, y cuando habla, un silencio abrumador se confunde con el mundo, como si su confianza cabalgara serenamente sobre el césped que nos cubre el pubis.
Nuestras convesaciones forman figuras concéntricas en torno a la huidiza costumbre de asociar los actos a acontecimientos cuyo recuerdo aún no nos sucede.
Mi jinete sobre la luna difícilmente comprende los teoremas algebraicos, aunque se arriesga a pasar inadvertido entre el tumulto. Mi onomatopeya lo busca, transfigurando la abulia de sus manos quemadas y él cede. Abandona el manto plateado que le chorrea encima sus filamentos para abrazarme, húmedo todavía de esa palabra que sólo él conoce, pero que mencionamos ambos para untarnos de regocijo.
Mi jinete sobre la luna defiende el paréntesis como invención de los vertebrados. En cada taxonomía, subraya una porción del cuerpo, pues nuestros telares están bordados por grafemas sensibles al tacto.
Mi jinete sobre la luna tiene una nuez en mitad de la garganta; barquito que naufraga al oeste de mis aguas. Su proa serpentea para festejarnos con lágrimas de alcanfor que nos cubren de sosiego en la esperanza de volvernos útiles a este silabario que su madre nos otorga, dadivosa en plata y caminatas nocturnas.
Mi jinete sobre la luna dice que mis manos sellan un tatuaje a lo largo de su espalda, y que toda la anchura queda a merced de mis tendones, tan diestros en la lubricación de su tejido, que la musculatura del fuego nos alcanza.
La primera vez que nos vimos permanecimos silentes lo que el cuerpo nos alcanzara; hasta que estuvimos preparados para cabalgarnos en la melodiosa ternura de sus manchas.
Mi jinete sobre la luna bracea entre las palabras como un trapecista de gasa que envuelve los sufijos a la hora del escampe.
Fiel a su marea de caballo encabritado, respira hacia los espejos, y cuando el sol vuelve para reflejar el quehacer de su nodriza, él regresa como nunca, adormecido por una hilacha de maleza.

o


Posdata

El perfil de los animales muertos gotea sobre la casa. Sus cadáveres juegan con burbujas de agua y de pronto una mano, una risotada, un vientecito viene a contarnos del helecho que enfría cada rocío con su lengua de esporas reproduciéndose en los ojos de los sin casa, que tararean con mesura la melodía de los innombrables.
En la esquina del patio, los más pequeños se balancean dentro de la acequia. Pobrecitos cuerpos, entumecidos y asfixiados por la nostalgia. Ya les tocará mencionarse entre ellos con el apodo adecuado, o un silencio bajo la muela del juicio.
Los mayores marcan límites como si esta realidad y la otra se fusionaran en algún lamento de anfibio huacho que deambula por las estanterías en busca de abrelatas para el azúcar.
En hábiles cubitos disuelven nomeolvides, recordando siempre que los fantasmas prefieren un cuartito desierto, o un índice golpeándoles insistentemente el hombro.
La mesa está dispuesta para esa chorrera de algodones resbalosos que endulza sus hocicos de estampilla, cerrados a fuerza de confesión en el maletín que no los fuerza al sacrificio. Son las cartas el desparpajo a su conciencia: muda en el ejercicio de la redacción; pero tan lúcida si de gesticular se trata, pues ya con la pupila representan un "Querido esposo" y los dos puntos son marcados con sus orificios nasales.
Esto es señalética del tacto y negación del símbolo que dificulta la dispersión. Han leído tanto comido tanto bebido tanto que la imposibilidad de verse dispara en sus sienes la certeza infinita del pleno entusiasmo.
Agujereado el roce en la médula o el balcón, se observan gotear sobre las sábanas con su estatuto N.N oficiando el verbo.
Son animales convexos sitiados como apóstrofes en mitad de la sílaba, y sus cuerpitos verdosos acentúan la última A de ya se me olvidó lo que es el besar y sus aledaños. El amor no me dice nada.
Sonríen expuestos a la quietud del primer pacto. Elaboran salivas displicentes para sellar todo brote o mal manejo de correspondencia. Lo suyo es tentar al remitente fortuito de las cartas; invitarlo a comprender las intenciones del abecedario y mostrarle así las consecuencias de su adjetivación. La veracidad del acontecimiento será puesta en duda siempre y cuando el anónimo sonría, seguro y perplejo de la anatomía bajo el zinc.

17 de septiembre de 2008

Sentencia

Te amo es una frase que no supimos callar a tiempo.

S

14 de septiembre de 2008

Precipicio

- Gracias. Es hermosa
- Shhhhhhht
- Es como si me estuvieras leyendo
- ...
- No sé, de pronto...
- No
- ¿No?
- No lo sé. Esto sucede demasiado a menudo; tijeretazos o volteretas claroscuras; y luego tú...
- ¿Yo qué?
- Nada
- A estas alturas ya nos jodimos; pero me gusta. Es como si me estuvieras leyendo
- Leer no necesariamente nos conecta. Somos infiltrados con carita de gato, rasguñando las paredes con gestos
- Me pegaste el bostezo
- El bostezo es como la lepra: Cunde en el cuerpo despedazándonos los precipicios... ¿Por qué no me llamaste?
- A veces no te entiendo
- Si sé
- Pero es tan bonito...
- ¿Qué te dijeron?
- Y nada; lo mismo de siempre
- ...
- Bonito como el bostezo y su reflejo. ¿Soya?
- Sí. Soy sauce
- Sauce de pelito rojo y timbre de agua
- Gracias
- El mundo en una botella. ¿Vamos?
- Ya fuimos
- ¿Cuándo?
- Veinte segundos antes del arbolito amortajado en pausa
- Podemos volver a ir
- ¿Y qué le diremos al resto?
- Nada. No hay por qué explicar la manera en que nos fundimos con el fuego
- El fuego es cuestión de cada uno
- También el agua
- Anfibia
- Señor Pez
- Los peces somos animales crueles
- Eso te lo dije yo la primera vez que dejaste de hablarme
- Por suerte fui pez a tiempo. Desde el momento en que liberas la palabra, se prostituye como el gesto
- Depende
- ¿De qué?
- Nada, olvídalo
- ¿Que olvide qué?
- Esto
- Esto es demasiado íntimo demasiado junto demasiado lejos
- Será como tú quieras
- ¿Y cómo quieres tú que sea?
- De la forma menos dolorosa posible
- Cuéntame de una sola vez que conociste a alguien y no te metiste asustada bajo la cama
- No hay tiempo
- El tiempo es cuestión de cada uno
- Para mí no hay
- Estuve buscándote todos estos meses
- Yo siempre te esperé aquí
- Sí, pero a veces te me vuelves invisible
- ¿Azúcar?
- Es como si me estuvieras leyendo
- Dime algo que yo no sepa.

1 de septiembre de 2008

Ya no hay historias de amor

No existen.
Quedaron agazapadas
entre el desplazamiento de tu silueta
y el trauma post acústico del nado.

Ya no hay historias de amor.
(Sin embargo, la vida es una ternura inacabable)



25 de agosto de 2008

Almendro en flor


*

Eres un anfibio
de aquéllos que definen
las coincidencias
con un golpe de espada
que cauteriza
las lágrimas de los camellos.

Purpurina

Con la luna decantada dentro de tu vasito verde
ya no seremos apología
Nos adaptaremos al vértigo de nuestras alas
Naufragaremos hundidos en poemas de plata
Y finalmente acezaremos el fuego
de una vértebra;
una plaga
como la fotosíntesis de la noche
en el borde de una colmena.

22 de agosto de 2008

Mar rojo


(Otro)
pez
(uno nuevo)
bordea los tildes
del tejido.

19 de agosto de 2008

*

En la madrugada
te escribo como saltitos de agua
que nos rompen en pedazos
ciegamente contra el mundo;
esa maraña de letras y gestos
inventada por los cuerpos
para reposar violentamente
en la tela del amanecer.

Llevas un antifaz
y un cuerpo morado en la mano derecha.
Cierto.
Las aletas son sólo un boceto
como excusa ante las vacilaciones del nado.

.

Eso que nos dijeron debajo del agua
se desintegró apenas sobrevolamos la superficie,
pues era tal nuestra sed de ofrecimientos
que ignoramos completamente
el egoísmo de nuestras branquias.

18 de agosto de 2008


Cuarto propio

En este acuario, cada pez va silabando sus escamas.
La palabra es ejecución del cuerpo y de todas las otras vidas untadas en fuegos y anfibios y algas que se mecen en torno a una enfermedad indescriptible: la de dormir con los ojos abiertos; tan pendientes y segregados del mundo, que el agua les sella el lagrimal, como un tilde bien puesto en el recoveco de la A o la corriente que fluye, aceitándoles la lengua.
Los peces y anfibios ardemos en el nácar de nuestro bautismo. Mudos, deshechos como trozos de hielo en una yema dormida que sangra.
A veces, ni la aleta ni una boca levemente dibujada como un gesto impasible sobre el texto bastan para remecer los castillos edificados contra el mundo.
Entonces, nos quedamos en silencio mecidos por el coro de nuestras pupilas, y una ráfaga, un pequeño disturbio, una cascarita de mandarina se nos adhiere al hombro y comenzamos a reír. Lentamente, con furia.
Asciende.
Decrece.
Se dice que la sincronicidad encadena las palabras justas; hasta que una burbuja nos sorprende en el borde, y nos asomamos a la orilla del vidrio. El ruido genera una aproximación al desborde de los sentidos; la conciencia de estos cuellos fileteados por un coral, o un pedacito de arena que tragamos para deshacernos de la tos.
Nos hundimos en un caos de regocijo.
Volvemos a untar los cuerpos en esta danza colectiva del oasis.
Somos paráfrasis de otros peces. Llevamos paréntesis sujetos al nado.
Las mujeres y la novela somos anfibias libremente encerradas en un acuario. Cada palabra, cada gesto, cada hilación ante la secuencia de nuestro bosquejo gotea desde nuestras branquias como el filamento preciso de una poderosa transparencia.

7 de agosto de 2008

Tragedia

Somos los héroes
de esta película de mal gusto
donde la acción está centrada
básicamente
en nuestra capacidad de tocarnos sin rozar,
la etiqueta festiva,
el antifaz
como si la noche
fuese el pretexto
para desvestirnos.
Yo ni siquiera hablaría. Dormiría apegada a tu espalda conservando el silencio como un tesoro.

*


Afuera es un reino todavía.
(Fotografía: Mauricio Duarte. Santiago, Chile, 2008)

Criminología de la mímica

Hasta ahora










Habíamos resultado indiferentes
a toda somatización
y conciencia de la fábula.

Cascabel y alambre

Desde aquella noche no he vuelto a escribir, quizás por miedo, o simplemente por sentir que de todas formas terminaremos ahogados y no habrá manera de reistirnos al matadero.
Más allá de mi negación, pienso en la taxonomía adecuada para tu traje de buzo, porque la noche es un velero asomado en la pulcritud de tu desnudo y todo gesto estará inmolado por la vista lejana de un lago o ese cubito de azúcar disolviéndose lentamente dentro de mi boca.
El abecedario es una mentira que nos inventamos para continuar acezando el fuego.
Lo más maravilloso de ti es que el cuerpo te queda grande; mucho más que la sobrevaloración que has hecho de mis textos y mi habilidad para ponerle nombres a las cosas.
Chocolate o Lynch es un acertijo para cualquier remordimiento incapaz de desnudarse frente a una ventana.
El silencio lo inventamos los noctámbulos para sellarnos el miedo a la impermanencia.
Esto no es una carta ni un diario de vida.
Ni siquiera es un día.
Es el principio de un sueño inconcluso.

4 de agosto de 2008

Más allá de la sombra
te delatan tus ojos,
y te adivino tersa,
como un mapa extendido
de asombro y de deseo.
Date por muerta
amor,
es un atraco.
Tus labios o la vida.
(Luis García Montero. "El lugar del crimen")

Crazy Arms

Es tu noche rockabilly;
Carl Perkins recostado en la orfandad
de tu pelo desprolijo
medio suelto
medio rapado
entumecido por los focos de los autos
que vociferan y lucen
con sus promesas de
estrella artificial.

Tienes la frente marcada
y una huella en el parietal izquierdo
aunque de lejos luzcas
como un anfibio precursor de los rechazos.

Hemos ido turnándonos
para nombrar sinónimos
que tienten a los grandes.

Sin embargo, nos limitamos a la mímica
arreando humanos como vacas
en este pastizal de frutos deformes.

Yo te dije
que soñaba con Johnny Cash
muchísimo antes de conocerte,
aunque tú te referías
a la indumentaria celta
que me cubría la epidermis.

Y te reías
Y transformábamos la noche
en una pausa abominable
porque en cada esquina de Santiago
vociferaban ídolos tildados de superhéroes.

Mi rockabilly
Mi terroncito detestable
Bailemos, que la fiesta no se agota;
ardamos en la hecatombe de estas velas invisibles
como tu dedo en mi llaga;
profundos
(in)humanos y feroces
como mi diente
surcándote el lagrimal.

3 de agosto de 2008

Una nueva república

Por si no te has dado cuenta, muero por morderte el lóbulo derecho y ese pedacito de plata que te brilla levemente en el borde. Tu ebriedad no es un fantasma, sino un aliciente para ese rictus facial y el pecado de tus caninos superiores.
Hablas como si nos hubiésemos lanzado a la vía férrea y sin embargo un pequeño universo aflora desde tu pelo rapado como marca del primer nacimiento.
Tienes un ángel tatuado en las costillas aunque estés resuelto a acabar con el ron de una botella barata.
Me miras sin escándalo hablando de tu furioso deseo y culpas a la vida resumiendo en ello tu agradecimiento por lo cotidiano.
Todo habrá de suceder en el silencioso aprendizaje de los laberintos.
Me admiro por esta fábula enclavada en tu necesidad terrestre, húmeda en tu lengua y la noche no alcanza.
Te recordaba desde esos callejones timbrados por el panfletarismo de lo social. Es que la academia es una de las peores cosas que nos han pasado.
Tu ceguera bulle como un mapa en este muro. Tibiamente yazgo inscrita como patrimonio de tu vértebra.
Este hilo conecta la ciudad y tu lejanía se condice con tu belleza.
(Es lo impredecible de tu mordida lo que me marca el cuello con su vociferación de dependencia)

Nostalgia y lentejuelas

En las fiestas de los anfibios, cada reconocimiento implica la existencia de una ética orientada al respeto de sus ciclos vitales.
Así, los más maduros transmiten sus ideas sobre la muerte; moralejas que los comensales en estado larvario procuran aprender, para olvidar después y vivir como si no supiesen absolutamente nada.

Cinéfilo


Nihilo


Cruz del sur

Los anfibios bailan sobre romances de agua, imbuídos en el sonido de una gotera que les nace de las pestañas.
Aman el ritmo vertical, los laberintos del submundo marino, la manera en que la tierra va tiñéndoles las escamas suavizando su memoria, aplastándolos imperceptiblemente como un nombre que no existe.
Cuando un anfibio habla de deseo, su ceniza no es más que un golpe de ala; nostalgia nevando; lamparitas mágicas nihilistas y angustiosas.
Entonces, las anfibias sonríen y también bailan, incorporándose al murmullo de los idiomas por dentro.

2 de agosto de 2008

Personalidad múltiple

Eres
todas las personas
con las que jamás
he estado.

Sabina

-Príncipes ya no quedan.
Son todos anfibios.

-No; los príncipes se volvieron reyes
y una planta carnívora se los devoró.

-En efecto.
Cuando las plantas carnívoras
devoraron a los príncipes convertidos en reyes
vomitaron anfibios.

Peces de ciudad

Y el mundo es un hervor de caracolas
ayunas de pimienta, risa y sal
y el sol es una lágrima en un ojo
que no sabe llorar
(Joaquín Sabina)
- Y cuando vuelves hay fiesta en la cocina....
¿Está lloviendo?
- Sabina no me agrada. Sin embargo, estuve en una conferencia de prensa, muy cerca de él, tras su penúltima visita a mi país. (Andaba con disfraz de periodista; no él... yo)
- Sus letras son muy bellas.... Tal vez si oyes más.....
- Siempre llueve en una esquina de la ventana
o es que naufragamos en algodones de agua;
agujas que masticamos como gatos sin dueño....
“cuando duermo sin ti
contigo sueño”
(un día me cantaron eso y comprendí que ya no me gustaba sabina)
- Te lo cantaron sin lavarse los dientes....
Fíjate que:
"Porque una casa sin ti es una oficina....
un teléfono ardiendo en la cabina.....
un éxodo de oscuras golondrinas.....
venenos que entran por la boca
y se quedan parados
en tu entrada....."
No crees????
- Y sin embargo.

1 de agosto de 2008

Murmullo en tu vértebra de agua

Así,
salvajemente,
te arrojaste a mí
como una plegaria
o un sofisma
deforme.

8:30 AM

Después de amarnos y sosegarnos
nuestro diálogo estará directamente relacionado
con aquellas maravillosas formas de erradicar y purificar
estos cuerpos
de caricias y nombres.

Precario fundamento de la arcilla

Tu mitología es un trabajo de orfebre;
tan entregada a las causas del misterio
que mi estupor ni siquiera encuentra eco
en el filamento que te emana de la respiración.

Secuencia o filarmónica

Después de que el mundo nos declarara insomnes
amaneces en mí
hundido en la llaga.

25 de julio de 2008

Tiniebla en prisma

.

Asesíname

Descarga tu interior como un tatuaje
y de esa forma
perpetúa mi electricidad.

Todo anfibio es un príncipe en potencia

23 de julio de 2008

*

La nieve se come despacio
tildando su cristalería
con la lengua.

Carta astral

Cuando te dije que Cáncer era el signo de lo materno, respondiste agua; tan aferrado a la nomadía del vértigo, que era posible advertir aquel gesto de mantarraya en tu pupila y ese recoveco grácil de quien ansía una hecatombe uterina acompasada por la pacífica fluidez de mis entrañas.

Tú, como las palabras
braceaste de orilla a orilla,
y al enclavar tus aspas en la prehistoria de mi tejido,
acentuaste los escalofríos
con aquella lengua colonizadora
del viajero que no teme
ser tildado de foráneo.

Al decir "Cáncer" escribí relámpagos en tu espalda. Añadiste el trópico como un referente igualmente válido para consolidar nuestra astrología; y así, sucesivamente, porque de pronto se me agotaron los adjetivos y no fuimos más que escaleras bajo una intemperie soñada. Tan acuosa, prístina y homogénea que aquél hilo con que me fregabas el lomo espantó cualquier amago de maleficio.

22 de julio de 2008

Sustancia previa

Los anfibios suelen amarse sobre lechos de papel diamante, recortados en pequeños trozos por un caracol percudido de gerundios.
Cada mitad simula un tránsito de bicicletas; sustanciosos jeroglíficos; ungüentos de jenjibre, tomillo y menta.
Así, todo amante se recuesta encima de una porción del mundo, azotado por naufragios de ciruela que levemente van entibiando su silueta
como un vapor,
un pespunte de alabastros.

Enebro

En algún momento estuve aquí
no sé si crucificada o hundida
pero sí pensando en el agua
como mi único medio
de salvataje.

Ciprés

Una libélula baila
iluminando
la consagración de la noche.

*

- Y tú, ¿cómo eres?

- Volátil,
como una luciérnaga
en busca de azúcar.

Weird Fishes

- ¿Un jardín es un jardín cuándo?

- Un jardín es un jardín
cuando cerramos los ojos
y alguien levemente
nos muerde la mano.

21 de julio de 2008


Gesto dorado

Vuelves a mí
porque el asesino siempre vuelve
al lugar del crimen.
(Oscar Hahn)


Parecía sencillo:
a ti te gustaba cómo escribía
y mi bendita manía de cruzar las piernas.

Bien sabías que el mundo y yo
sorteábamos barreras infranqueables
porque la voz nunca fue mi aliada,
aunque sí ese rito bautismal
de los perros, los tejados y el quisiera.

Ahora en el naufragio
vuelvo a ti
como asesina errante;
una sombra
que no comprende
de arrecifes.

19 de julio de 2008

Louvre

Caro
mi dulce Caro:

Por ahora te escribo
Por ahora te salto dentro de un hielo

Los libros? Los puentes
Los ojos? Los sudarios
La pregunta de si al tocarte
todo debe ser azul

Por ahora llueve
Salgo
Me pongo un impermeable amarillo

Ayer no pude ver Wall-e
Mañana voy a tomar fotos
de una marcha ridícula aquí en este país ensangrentado
y por la nuit veré Batman

Dónde están tus piececitos helados?
Dónde tus manos en el bolsillo de un pantalón de pana verde?

18 de julio de 2008

Falencia

(Eres un hipocampo
de hijos prestados)

Tu nostalgia blanquecina

Mi amigo imaginario flota, cegado por la hipotermia y el temblor de sus manos, urdiendo redes entre los pelos de su axila.
¿Recuerdas aquella vez que comimos nieve y tú me dijiste tan mojada, tan de huella, tan felina la mordida la mirada y nos miramos sin decir, con deseos rumorosos de blanquearnos, asomados, hostigados, felices?
Mi amigo imaginario duerme bajo mi cama; como ese día, sobre la nieve.

+

Sello mis labios
con tu arcoiris de
e s p e r m a.

Untable

En mi boca,
el artilugio de tu cal.

Emperatrices

Hay una pulpa multiforme
abriéndose paso
por la ferocidad de tus espigas
crispadas y sedientas;
secas, ciegas,
no domesticadas.

Silueta de gato

Prolongación del bostezo
desde mi fábula
a la constancia de tu luz.



(Lo más maravilloso de todo esto
es sabernos inexistentes
en la concreción
del verbo
como sustancia amatoria)

17 de julio de 2008

Reconstruir el habla

El mar no Frank Sinatra dados hablamos dedos mojamos saltan si quieres por el agua azules pasión entre todos tus comentarios espiar conocer un abrazo dentro del puente por espiar al otro lado de otro y gracias madeja Rimbaud pedacito de lluvia ira acoraza volar manos unas sombras pienso y te leo y tal vez y si entre laboratorio fantasma cubierta montaña dormida me mandas un pliegue por correo barco sol las manos los ojos la hierba recién cortada Nina Simone mira detienes el mundo recorren ciegos los poetas la lluvia las zanahorias abro los pasos mirando la lluvia ventana y a veces lloro lechuga crónicas una palabra sentada te lanzo los climas una foto saco un poema una luz esta peli veré una noche estoy leyendo una palabra el destino estrella manos tu si y ¿? se dibuja un abrazo o tan sombra el aire sobre tan grande música Amélie Nothomb qué fotógrafos encontramos una iglesia cuando mirar un motivo para arriba los motivos herido Takeshi Kitano quitó a besos la máscara de un gato a veces cangrejo cáncer las olas caigo están dejados en tu mirada debajo unos pasos de pequeño iluminado arbolito una silla bandoneón desnudas suena una transcurren memoria en la nieve duerma tal vez huellas avenidas prolonga tu mano bostezo tocan tu mano bajo una cobija.

16 de julio de 2008


Disyuntiva

Tu lengua acorazada habló de personajes que se narraron a sí mismos con la falla y precisión del aprendiz. Yo te decía que el diálogo no es más que la idealización del verbo en la materia y tú quizás no comprendiste, porque lo único que repetías era que tatuara mi boca en los muros de tu casa.
Confirmaste la manera de decir "mariposa" o "manija" u "onomatopeya", y es posible que me sorprendiera tu viciosa pronunciación acerca de la lluvia.
También sonreíste cuando te conté que me temblaban las manos al pintarme las uñas, aunque eso jamás lo vi, pues sucedió cuando ya me había ido.

15 de julio de 2008

Nuestra noche es una odisea
de peces;
cadáveres exquisitos.

14 de julio de 2008

Los Climas

(Ella preguntó si aquellos nombres le servían de escudo para esconder la tibia fábula de su marca)

No son escudos. Son amores
parados debajo de mí
encima de mí
acostados saltando entre el agua.
Los referentes no son escudos;
tal vez escudos de fieltro para que el agua entre en la tela.
Es como un gran jardín de infantes (de marina)
donde juegan y se gozan sus colores y los de nosotros.
Si nos conociéramos, tal vez no volveríamos a nombrar a nadie.
El conocerse hace que los clavos pequeños que se usan para escalar un hielo desaparezcan; pero eso no quiere decir que no sea como referirse a alguien que en un momento puede hermanar o hacer odiar....

(Entonces, se hicieron amigos; no de aquéllos que hablan, sino de los que se mantienen en silencio, hablando pudorosamente del resto)
Dedos que se sumergen
en la suerte de los dados
y nadan
y fotan
y hacen posible un destello de yemas
que prolifera en el recuerdo
en la ambrosía en la sorpresa
yéndose
de costado a una orilla nueva.

La tipografía muda de tu nombre acerca a mis laberintos astrolabios, recortes, pedacitos de peces cuya lengua enfría el tránsito.
¿No ves que el cuerpo es un gesto perenne de capicúa accidental?
Afuera excedimos los niveles del anclaje.
Dime en qué orbe trenzamos el coral.
(Yo te respondo una palabra ilegible, rodeando tu muslo
con mi lengua de ortiga).
Deja que la lluvia resbale por tu bigote.
Continuemos la saga de lejía sobre el labio.
Tenía sueño.
El amor es también una promesa fascista.

12 de julio de 2008

Nada más lejos de la realidad que lo científico

¿Las ballenas se están comiendo a los peces?
(Nuestras autoridades no dejarán de trabajar mientras eso no se refleje en las votaciones de mayo próximo, a favor o en contra de la cacería).

Aconteceres en pausa

Enroscada en la ribera de tu pelo
el viento me porfía.

Subyace mi sed de líquenes.

(Mi espasmo de rémora
te susurra al oído
una clara metamorfosis
sobre el entusiasmo)
(...)
Lo sé. Hemos sido extranjeros
hablándonos por señas demasiado cercanas,
ansiosos en las calles
de una nueva ciudad,
esperando tal vez que nos fotografíen
delante de este amor y de sus cicatrices,
eso que confundimos con nuestros sentimientos
o acaso-en noches de locura-
con una sensación de humedad en los ojos.
(...)
(Luis García Montero. Fragmento de En los días de lluvia)
Cuando resolví llamarte Principito Azul me prometí surcar el vaivén de tu boca, tan infinitamente para mí, como ese millón de estrellas; rémoras macizas urdiendo el paso, ese escozor tibiamente dispuesto entre la axila y la ingle; y tu sonrisa, esquiva como la avidez de tu ojo.

Hemos dispuesto una colcha para enrollarnos imitando cardúmenes en fiesta.

El nado es una porción de hojuelas desde la estrechez inhumana de los cuerpos. Tú y yo simplemente flotamos en la humedad que nos nace desde la lengua al lagrimal, y luego el musgo escuálido de fantasías que se adquiere a sí mismo como onomatopeya para nombrarnos.

Estoy anclada en mitad de tu enunciado. Cada fragmento de tu voz viene a unirse a mi noción de océano. Hay acantilados que consiguen darnos forma, pero luego, en la textura de las manos, un naipe de corales juega a merced del verbo.

Esta noche navegamos
por una tintura que no es luz,
sino el juego azaroso
de la desvergüenza.

(Ven,
enséñame cuán ilusoria
es la fábula del miedo).

9 de julio de 2008

Tú:


Yo te leo y me acuerdo de Rimbaud

Hablando del mar en francés
y tu apellido,
un espejo impronunciable.
Mi dislexia es no entender el origen de tu episteme; situarlo lejos de la armadura que te desarma. Así, tal cual: El hierro de tu hecatombe simula riesgos oxidados y ese saber; esa causa descrita renace en el sello de tu oído; tan impecablemente dispuesto para el nado, la excusa, el ser inabarcable de tu higiene, la pulcritud, la b de difumina o el aprendizaje de tu idioma.

Tan bifurcado el sueño, que la cautiva me parece ilusoria, acariciando ferozmente su panza y risueña, anonadada, semiótica.

Dime cómo comienza la mitad de tu sílaba
Enséñame sobre la carne que muerde que rasga sella

Háblame sobre las consecuencias globales de la caza
mientras pienso en Rimbaud
y su ojo marchito.

8 de julio de 2008

3 de julio de 2008

Superposición del nombre

Al morderte la clavícula, inmediatamente pienso en la costumbre kinética de difuminarnos a ambos polos del oeste. ¿Nos encontraremos sesgados por esta luz casual que humedece nuestro anonimato, condenándonos a la repetición del nombre o la fábula o el vacío con su sencilla moraleja?

Abajo rueda nuestra laceración dental. Toda carnada sucumbe al exilio de la caza; como un retrato nada más que del zig zag; esa boca dulce que nos tuerce de osadía y de miedo.

Antologamos cualquier secreto que nos resulta original; no sólo por la factibilidad de su escritura, sino porque el diálogo nos desnuda la noche de su marca.

¿Qué es sino?

Tu bigote en formalina
enquistado en mi papila
como referente altruísta.

Lleva llave lava
uniforma el traqueteo
y esta pausa
nos acelera.

(Somos eco de los nuevos convictos)

Sabiduría Solar

Porque mi amiga te vio y me dijo:
-Caro, vinieron a buscarte, surcando el mar; tal como tu cuerpo se desplaza. Tú soñaste una noche que serpenteabas el Atlántico, y mira... Ese niño está esperándote. Hojea revistas antiguas para asirse de una justificación que los líe y te extrañó tanto en su naufragio... Carito, amiga linda... Yo te quiero ver feliz y no saber que perpetúas la sordera. Míralo, no tengas miedo. Siente cómo su barba se te aferra al cuello y te marca, te enrojece, te saliva. Tú estás para cosas grandes. Necesitas perderte en los barcos. No, cariño. Fíjate que te observa detrás de las charlas y los idiomas anfibios. Es su rompe olas la razón más justificable para el nerviosismo de su trance. Sólo tómale la mano y hazle saber del nácar. Cuéntale en secreto cómo es que las brujas adivinamos las posturas del hechizo.

2 de julio de 2008


El agua de tu iris
golpea mi sed de anclaje.
Ven y naufraga
en la hecatombe de mi costilla.

Punctum

El álbum fotográfico ilumina tu camino de piel y la manera en que tus cabellos se erizan hasta confundirse con el dibujo de mi mano; secretamente náufraga y cetácea de constelaciones; anversos disímiles y un altruísmo oceánico que liga ambos polos de nuestro desconocimiento; porque la bruma y la niebla y tu antojadiza vergüenza nos llevaron a auscultarnos ciegamente, ordenando a cada falange una porción de carne; tan clara y explosiva como la hilachita de voz que te escucho de lejos, con tu M de quisiera dibujándome tibiamente el nombre y un estigma de niña silenciosa corriendo por los muros.
Tu ritmo desprende una a una las capas del Atlántico. No es que te sitúe en las esquinas braceadas de mi lengua. A veces, preferiría diluírme como boca que muerde el silencio, cobijando bajo el frenillo la premura de tu paso.
Dime, enséñame cómo los activistas defienden el nado el cauce mi verbo de frecuencia marchita.
(Es como si abrieras las alas y tímidamente me sonrieras)

Señuelo croata

No solamente la oratoria. Simular en la mirilla bosquejos anticipados; naufragarnos como comarcas del roce; sin escafandra ni metal plateado en el borde de la pronunciación. Tu lucha mantiene mi carne, como si me enrojecieras el verbo el enunciado la tarifa constante del susurro que nos precede.
Dime si en esos barcos enalteces la silueta de los animalitos que nos surcan.
Hay en tu adentro un hechizo de mi afuera, como si uniéndolos completáramos el vaivén unicornio; el nombre científico; la cetácea, la médula, tu anfibio, mi exageración.

25 de junio de 2008


(Susurrar una escena alfombrada)

El sol será, pues, una especie de milagro para los sobrevivientes.
(Diamela Eltit. "Los Vigilantes")
El pacto consiste en figurar la intención del gesto; entibiar a pausas aquél sonido, como cuando se tritura la noche sobre nuestros hombros y ya no somos una masa, sino un ritual adosado a las paredes del croma; simulacro febril anticipado a los quehaceres del orbe, tan de decir y callar, pues habándonos acentuamos la permanencia.
Ese eco ruge como un silencio de cuerpos y amalgamas; rayos, crayones, cielos impunes que nos desnudan con su balbucir.
La anatomía constituye formas antológicas, ineludibles placeres vertidos desde una sana intención.
Quisiera acoger el rictus de un verbo cuando se lo enciende. Entonces, desde su fatiga eléctrica, aceleraríamos el instinto de vernos; flotando sobre el discurso que nos mana.
(Para M.S)

Carcome

Ojo hebra
su perla nácar
desviste pedacitos de ensueño
y entonces, pez espada.


El filo cerca la noche
(Su manto lenguado)
Distribuir el peso
acaricia las filas del arraigo;
florece la voz en escamas.

Difícil escaramuza, el flote.


Lentejuela en mitad del lagrimal
Ansía, acelera, celebra
Rechaza el trauma impuro.


Navegamos hundidos en hierro;
cartografía causal de tu platina.

Moscovici

Quejido acelera
rostros a pausas
Dominio, retrato, merma
Los cuerpos son efectismos encendidos
colmados de trenzas causales
Cada tejido asoma
como tibior de su movimiento
en percal.

21 de junio de 2008


Causalidad del envío

Gitana
Cascarita dulce
Esmalte de crin

Quién diría que este trazo lacera el labio
si al mirarte sonrío de lejos
así tal cual: esbozada como una vértebra
y mi aleta;
mi gesto levemente azucarado
invertido al hartazgo de significarnos

Más que muecas
Y tambores
Y bodhran
huyo en ti
a riesgo de equivocarme;
dificultada nada más que por el límite de tu barbilla

Pecesito nacarado;
Señor equivalencia,
en tu retrato de espina
mi visión sobre el azar.

Fervor

Una mueca bailable; antojarse por el dulzor de su fragancia o simplemente acudir.
El advenimiento de la noche asume con su eco la imploración a las fiestas del cuerpo.
Tu luz es un barniz tatuado infinitamente cerca de mi columna; aquél espacio forjado por una viscosidad de luna violeta, gelatina, caballito de mar preñado por virgen.
Más te vale no asustarte si me ves de pie, derramando boca a boca la narración del sueño.
Quizás te diría una nueva forma de vapor.
(El viento mueve a los cuerpos. El viento secretea con la escritura de los verbos que le huyen al azar)

Tao

Cuándo y cómo
se establecen
en la palpitación de nuestro mundo.

El desplazamiento nos hidrata
con la cromática fiesta de sus beneficios.
Ahora,
la marea calza
con nuestros modos de enfrentar
lo cotidiano.

El cuerpo es una danza permeable
y su púrpura
lo describimos como savia.

Adentro,
el recuerdo aflora
como hibidez colorada
de su hervor.

(Y en la concavidad de tu espuma,
mi agridulce).

18 de junio de 2008


Heterótrofo

Había que escribir sin para qué, sin para quién.
El cuerpo se acuerda de un amor como encender una lámpara.
El silencio es tentación y promesa.
(Alejandra Pizarnik. “Fuga en lila”)

Cuando me preguntas para qué, te respondo con un movimiento apenas perceptible. Y es que todavía me subyace una interrogante profunda, marcada en los costados de mi fibra. Ya ves que las palabras son bitácoras; parejas marchitas que reviven con el tacto. Es como si tú dijeras “pimiento” y yo te respondiera “relámpago”, pues aquella asociación me lleva a justificar la carne rojiza de nuestros últimos alientos.
He pensado toda la tarde en los cuestionamientos a los recodos; en la tintura que marcha sobre los salvajismos de la primera histeria. ¿Te fijas cómo el cuerpo se nos inscribe dentro de las formas inabarcables del invierno? La lluvia no es más que una extensión del gesto; lenguaje señalético de la pulpa en los ovillos. Cuando las gotas se enredan con el núcleo del cristal, se balancean hasta que el viento las suelta, uniéndolas para tejer la transparencia.
Podría decir que la razón de tanto movimiento es esta humedad que tu presencia me figura. Sin embargo, el almíbar se disuelve; como un ala desprendida de las vértebras.
Tanta bifurcación supone un atisbo de sombra; carboncillo a mano alzada.
Cuando me preguntas para qué, me hundo en el enrejado de tu dermis. Las palabras son redes que nos capturan, privándonos de la sangre en los anzuelos. Cada acento metamorfosea un quejido de tacto, un impulso sinuoso; la boca sellada con un canto de mariposas.
Si te escribo, es porque el rol protagónico suplica la carencia corpórea. Me negué a situarte como un personaje palpable en las melodías de mi relato. Más bien, fui acomodándote según los requerimientos de esta cartografía establecida en la ingle. Eres un punto cardinal que oscila entre el crujir del otoño y los dedales inconexos. No creas que la necesidad infunde un respeto mutuo. Si te utilizo, es simplemente como excusa para bordear lo amable de mis cicatrices internas.
Jamás escribí sobre ti
sino como una construcción mental propia,
entusiasmada por la posibilidad
de a(r)marte a mi modo
y de esa forma hacer y deshacer
el nácar de tus escamas.
Eras como esos seres
que de profundos
se nos vuelven
i
n
v
i
s
i
b
l
e
s
.

17 de junio de 2008

Algalia

Toda atmósfera sucumbe
al rún rún
que a sus hojas mece.

Espejos

Quizás
la llanura plateada
posee jeroglíficos
tallados por el cieno.
Apresurada,
el agua figura
lentejuelas
en tus pestañas.
Míralos nadar.
Los anfibios de la otra orilla
se burlan de nosotros;
como si nuestras acrobacias
les produjesen miedo.

(Habrá que cerrar la puerta)

Cuando digo "muerde", sueño.
Elaboro un tránsito por los dobleces de la cama.
Cedo a la tentación de describir un posible gesto de biotopo a complejidad; esencialmente concentrada en estos baños de luz que no sólo perfuman el preámbulo de nuestra metamorfosis, sino que nos vuelven mamíferos y nómades.
Es por eso que relaciono el origen con una etapa de exquisita entrega.
La membrana urde aquél nido en que adoptaremos las más disímiles formas.
Cegados en la impulsividad del hallazgo, nos abrazamos con caricias torpes; tan suaves, que parecieran invisibles.
Pez Fábula:

La moraleja de esta historia es que el cuerpo y la palabra a veces eligen caminos inversos.
Sí.
Como si nos lo hubiésemos propuesto. Esta afirmación engloba el submundo de bendiciones y levantadas de ceja; no sé; supuestamente acontecía fiebre sin hacer uso de la pulpa que nos emanaba profusamente de los talveces. Y es que ni siquiera alcanzábamos a enredarnos con las manos superpuestas. Bastaba un recelo de aparente lujo para que nos aferráramos al estado larvario. Tú me hablabas hacia adentro. Yo comprendía los silencios como propios; pues no existe comunión más evidente que la de los anfibios jugando a secuenciarse.
Esta laguna tipo ensueño moderó nuestros hábitos nocturnos girando a condecirse ante la verdadera estrella de cal; tan coqueta y excavadora ella; acuática, subalterna; vocalización del cortejo y la Bromelia; nos fertilizábamos inmediatamente para la geografía de la deshora. Resbalábamos en la salmuera, la boca estrecha, el huevo de espuma.
Como si nos lo hubiésemos propuesto; como si este hábitat accidental cerrara nuestras bocas en pos de los refugios; imantando con levedad todo cuanto se nos presentara como eterno; jugando, croando, multiplicando el rito genuino de despedirnos con palmadas en la espalda; porque si de algo debíamos jactarnos era nuestra tibia mala educación.