Tú sabes
que si estuviéramos juntos
te besaría en la boca
y beberíamos té
con aroma a canela.
Sonreirías bastante.
Me recordarías,
quizás.
22 de septiembre de 2008
.
- El pez de color está tan triste - dijo Delia mostrándole el bocal con piedritas y falsas vegetaciones.
Un pececillo rosa translúcido dormitaba con un acompasado movimiento de la boca. Su ojo frío miraba a Mario como una perla viva. Mario pensó en el ojo salado como una lágrima que resbalaría entre los dientes al mascarlo.
(Julio Cortázar. "Circe")
21 de septiembre de 2008
Revistas antiguas, de principios de siglo
Siempre noctámbula, la Anfibia baila a merced del Carrusel. A veces galopa sobre caballitos con expresión de miedo. Otras, simplemente encima de la tarima, con las patitas colgando y una sonrisa penosa triunfante sobre el relámpago y el lagrimal.
Es cuando las luces parecieran detenerse, que el único Anfibio prodigioso en vectores y ecuaciones matemáticas le declara la (in)dependencia, tomándola por el costado para invitarla a girar en el próximo bis.
Ella lo mira como buscándole en la cara la solución al Teorema de Pitágoras, aunque él se encoge de hombros señalando la única ramita viva escondida en el laberinto de su pelo.
Entonces, ambos anfibios resbalan por los belfos y el relinchar de los equinos ensordece a la laguna, que duerme.
El secreto de Epifanía:
Cuando toda boca
en vez de hablar
se inclina silenciosamente
hacia la cúspide de sí misma.
en vez de hablar
se inclina silenciosamente
hacia la cúspide de sí misma.
Filamento Menguado
Mi jinete sobre la luna tiene un espacio en mitad de la boca, y cuando habla, un silencio abrumador se confunde con el mundo, como si su confianza cabalgara serenamente sobre el césped que nos cubre el pubis.
Nuestras convesaciones forman figuras concéntricas en torno a la huidiza costumbre de asociar los actos a acontecimientos cuyo recuerdo aún no nos sucede.
Mi jinete sobre la luna difícilmente comprende los teoremas algebraicos, aunque se arriesga a pasar inadvertido entre el tumulto. Mi onomatopeya lo busca, transfigurando la abulia de sus manos quemadas y él cede. Abandona el manto plateado que le chorrea encima sus filamentos para abrazarme, húmedo todavía de esa palabra que sólo él conoce, pero que mencionamos ambos para untarnos de regocijo.
Mi jinete sobre la luna defiende el paréntesis como invención de los vertebrados. En cada taxonomía, subraya una porción del cuerpo, pues nuestros telares están bordados por grafemas sensibles al tacto.
Mi jinete sobre la luna tiene una nuez en mitad de la garganta; barquito que naufraga al oeste de mis aguas. Su proa serpentea para festejarnos con lágrimas de alcanfor que nos cubren de sosiego en la esperanza de volvernos útiles a este silabario que su madre nos otorga, dadivosa en plata y caminatas nocturnas.
Mi jinete sobre la luna dice que mis manos sellan un tatuaje a lo largo de su espalda, y que toda la anchura queda a merced de mis tendones, tan diestros en la lubricación de su tejido, que la musculatura del fuego nos alcanza.
La primera vez que nos vimos permanecimos silentes lo que el cuerpo nos alcanzara; hasta que estuvimos preparados para cabalgarnos en la melodiosa ternura de sus manchas.
Mi jinete sobre la luna bracea entre las palabras como un trapecista de gasa que envuelve los sufijos a la hora del escampe.
Fiel a su marea de caballo encabritado, respira hacia los espejos, y cuando el sol vuelve para reflejar el quehacer de su nodriza, él regresa como nunca, adormecido por una hilacha de maleza.
Posdata
El perfil de los animales muertos gotea sobre la casa. Sus cadáveres juegan con burbujas de agua y de pronto una mano, una risotada, un vientecito viene a contarnos del helecho que enfría cada rocío con su lengua de esporas reproduciéndose en los ojos de los sin casa, que tararean con mesura la melodía de los innombrables.
En la esquina del patio, los más pequeños se balancean dentro de la acequia. Pobrecitos cuerpos, entumecidos y asfixiados por la nostalgia. Ya les tocará mencionarse entre ellos con el apodo adecuado, o un silencio bajo la muela del juicio.
Los mayores marcan límites como si esta realidad y la otra se fusionaran en algún lamento de anfibio huacho que deambula por las estanterías en busca de abrelatas para el azúcar.
En hábiles cubitos disuelven nomeolvides, recordando siempre que los fantasmas prefieren un cuartito desierto, o un índice golpeándoles insistentemente el hombro.
La mesa está dispuesta para esa chorrera de algodones resbalosos que endulza sus hocicos de estampilla, cerrados a fuerza de confesión en el maletín que no los fuerza al sacrificio. Son las cartas el desparpajo a su conciencia: muda en el ejercicio de la redacción; pero tan lúcida si de gesticular se trata, pues ya con la pupila representan un "Querido esposo" y los dos puntos son marcados con sus orificios nasales.
En la esquina del patio, los más pequeños se balancean dentro de la acequia. Pobrecitos cuerpos, entumecidos y asfixiados por la nostalgia. Ya les tocará mencionarse entre ellos con el apodo adecuado, o un silencio bajo la muela del juicio.
Los mayores marcan límites como si esta realidad y la otra se fusionaran en algún lamento de anfibio huacho que deambula por las estanterías en busca de abrelatas para el azúcar.
En hábiles cubitos disuelven nomeolvides, recordando siempre que los fantasmas prefieren un cuartito desierto, o un índice golpeándoles insistentemente el hombro.
La mesa está dispuesta para esa chorrera de algodones resbalosos que endulza sus hocicos de estampilla, cerrados a fuerza de confesión en el maletín que no los fuerza al sacrificio. Son las cartas el desparpajo a su conciencia: muda en el ejercicio de la redacción; pero tan lúcida si de gesticular se trata, pues ya con la pupila representan un "Querido esposo" y los dos puntos son marcados con sus orificios nasales.
Esto es señalética del tacto y negación del símbolo que dificulta la dispersión. Han leído tanto comido tanto bebido tanto que la imposibilidad de verse dispara en sus sienes la certeza infinita del pleno entusiasmo.
Agujereado el roce en la médula o el balcón, se observan gotear sobre las sábanas con su estatuto N.N oficiando el verbo.
Son animales convexos sitiados como apóstrofes en mitad de la sílaba, y sus cuerpitos verdosos acentúan la última A de ya se me olvidó lo que es el besar y sus aledaños. El amor no me dice nada.
Sonríen expuestos a la quietud del primer pacto. Elaboran salivas displicentes para sellar todo brote o mal manejo de correspondencia. Lo suyo es tentar al remitente fortuito de las cartas; invitarlo a comprender las intenciones del abecedario y mostrarle así las consecuencias de su adjetivación. La veracidad del acontecimiento será puesta en duda siempre y cuando el anónimo sonría, seguro y perplejo de la anatomía bajo el zinc.
17 de septiembre de 2008
14 de septiembre de 2008
Precipicio
- Gracias. Es hermosa
- Shhhhhhht
- Es como si me estuvieras leyendo
- ...
- No sé, de pronto...
- No
- ¿No?
- No lo sé. Esto sucede demasiado a menudo; tijeretazos o volteretas claroscuras; y luego tú...
- ¿Yo qué?
- Nada
- A estas alturas ya nos jodimos; pero me gusta. Es como si me estuvieras leyendo
- Leer no necesariamente nos conecta. Somos infiltrados con carita de gato, rasguñando las paredes con gestos
- Me pegaste el bostezo
- El bostezo es como la lepra: Cunde en el cuerpo despedazándonos los precipicios... ¿Por qué no me llamaste?
- A veces no te entiendo
- Si sé
- Pero es tan bonito...
- ¿Qué te dijeron?
- Y nada; lo mismo de siempre
- ...
- Bonito como el bostezo y su reflejo. ¿Soya?
- Sí. Soy sauce
- Sauce de pelito rojo y timbre de agua
- Gracias
- El mundo en una botella. ¿Vamos?
- Ya fuimos
- ¿Cuándo?
- Veinte segundos antes del arbolito amortajado en pausa
- Podemos volver a ir
- ¿Y qué le diremos al resto?
- Nada. No hay por qué explicar la manera en que nos fundimos con el fuego
- El fuego es cuestión de cada uno
- También el agua
- Anfibia
- Señor Pez
- Los peces somos animales crueles
- Eso te lo dije yo la primera vez que dejaste de hablarme
- Por suerte fui pez a tiempo. Desde el momento en que liberas la palabra, se prostituye como el gesto
- Depende
- ¿De qué?
- Nada, olvídalo
- ¿Que olvide qué?
- Esto
- Esto es demasiado íntimo demasiado junto demasiado lejos
- Será como tú quieras
- ¿Y cómo quieres tú que sea?
- De la forma menos dolorosa posible
- Cuéntame de una sola vez que conociste a alguien y no te metiste asustada bajo la cama
- No hay tiempo
- El tiempo es cuestión de cada uno
- Para mí no hay
- Estuve buscándote todos estos meses
- Yo siempre te esperé aquí
- Sí, pero a veces te me vuelves invisible
- ¿Azúcar?
- Es como si me estuvieras leyendo
- Dime algo que yo no sepa.
- Shhhhhhht
- Es como si me estuvieras leyendo
- ...
- No sé, de pronto...
- No
- ¿No?
- No lo sé. Esto sucede demasiado a menudo; tijeretazos o volteretas claroscuras; y luego tú...
- ¿Yo qué?
- Nada
- A estas alturas ya nos jodimos; pero me gusta. Es como si me estuvieras leyendo
- Leer no necesariamente nos conecta. Somos infiltrados con carita de gato, rasguñando las paredes con gestos
- Me pegaste el bostezo
- El bostezo es como la lepra: Cunde en el cuerpo despedazándonos los precipicios... ¿Por qué no me llamaste?
- A veces no te entiendo
- Si sé
- Pero es tan bonito...
- ¿Qué te dijeron?
- Y nada; lo mismo de siempre
- ...
- Bonito como el bostezo y su reflejo. ¿Soya?
- Sí. Soy sauce
- Sauce de pelito rojo y timbre de agua
- Gracias
- El mundo en una botella. ¿Vamos?
- Ya fuimos
- ¿Cuándo?
- Veinte segundos antes del arbolito amortajado en pausa
- Podemos volver a ir
- ¿Y qué le diremos al resto?
- Nada. No hay por qué explicar la manera en que nos fundimos con el fuego
- El fuego es cuestión de cada uno
- También el agua
- Anfibia
- Señor Pez
- Los peces somos animales crueles
- Eso te lo dije yo la primera vez que dejaste de hablarme
- Por suerte fui pez a tiempo. Desde el momento en que liberas la palabra, se prostituye como el gesto
- Depende
- ¿De qué?
- Nada, olvídalo
- ¿Que olvide qué?
- Esto
- Esto es demasiado íntimo demasiado junto demasiado lejos
- Será como tú quieras
- ¿Y cómo quieres tú que sea?
- De la forma menos dolorosa posible
- Cuéntame de una sola vez que conociste a alguien y no te metiste asustada bajo la cama
- No hay tiempo
- El tiempo es cuestión de cada uno
- Para mí no hay
- Estuve buscándote todos estos meses
- Yo siempre te esperé aquí
- Sí, pero a veces te me vuelves invisible
- ¿Azúcar?
- Es como si me estuvieras leyendo
- Dime algo que yo no sepa.
1 de septiembre de 2008
Ya no hay historias de amor
No existen.
Quedaron agazapadas
entre el desplazamiento de tu silueta
y el trauma post acústico del nado.
Ya no hay historias de amor.
(Sin embargo, la vida es una ternura inacabable)
Quedaron agazapadas
entre el desplazamiento de tu silueta
y el trauma post acústico del nado.
Ya no hay historias de amor.
(Sin embargo, la vida es una ternura inacabable)
25 de agosto de 2008
*
Eres un anfibio
de aquéllos que definen
las coincidencias
con un golpe de espada
que cauteriza
las lágrimas de los camellos.
de aquéllos que definen
las coincidencias
con un golpe de espada
que cauteriza
las lágrimas de los camellos.
Purpurina
Con la luna decantada dentro de tu vasito verde
ya no seremos apología
Nos adaptaremos al vértigo de nuestras alas
Naufragaremos hundidos en poemas de plata
Y finalmente acezaremos el fuego
de una vértebra;
una plaga
como la fotosíntesis de la noche
en el borde de una colmena.
ya no seremos apología
Nos adaptaremos al vértigo de nuestras alas
Naufragaremos hundidos en poemas de plata
Y finalmente acezaremos el fuego
de una vértebra;
una plaga
como la fotosíntesis de la noche
en el borde de una colmena.
22 de agosto de 2008
19 de agosto de 2008
*
En la madrugada
te escribo como saltitos de agua
que nos rompen en pedazos
ciegamente contra el mundo;
esa maraña de letras y gestos
inventada por los cuerpos
para reposar violentamente
en la tela del amanecer.
Llevas un antifaz
y un cuerpo morado en la mano derecha.
Cierto.
Las aletas son sólo un boceto
como excusa ante las vacilaciones del nado.
te escribo como saltitos de agua
que nos rompen en pedazos
ciegamente contra el mundo;
esa maraña de letras y gestos
inventada por los cuerpos
para reposar violentamente
en la tela del amanecer.
Llevas un antifaz
y un cuerpo morado en la mano derecha.
Cierto.
Las aletas son sólo un boceto
como excusa ante las vacilaciones del nado.
.
Eso que nos dijeron debajo del agua
se desintegró apenas sobrevolamos la superficie,
pues era tal nuestra sed de ofrecimientos
que ignoramos completamente
el egoísmo de nuestras branquias.
se desintegró apenas sobrevolamos la superficie,
pues era tal nuestra sed de ofrecimientos
que ignoramos completamente
el egoísmo de nuestras branquias.
18 de agosto de 2008
Cuarto propio
En este acuario, cada pez va silabando sus escamas.
La palabra es ejecución del cuerpo y de todas las otras vidas untadas en fuegos y anfibios y algas que se mecen en torno a una enfermedad indescriptible: la de dormir con los ojos abiertos; tan pendientes y segregados del mundo, que el agua les sella el lagrimal, como un tilde bien puesto en el recoveco de la A o la corriente que fluye, aceitándoles la lengua.
Los peces y anfibios ardemos en el nácar de nuestro bautismo. Mudos, deshechos como trozos de hielo en una yema dormida que sangra.
A veces, ni la aleta ni una boca levemente dibujada como un gesto impasible sobre el texto bastan para remecer los castillos edificados contra el mundo.
Entonces, nos quedamos en silencio mecidos por el coro de nuestras pupilas, y una ráfaga, un pequeño disturbio, una cascarita de mandarina se nos adhiere al hombro y comenzamos a reír. Lentamente, con furia.
Asciende.
Decrece.
Se dice que la sincronicidad encadena las palabras justas; hasta que una burbuja nos sorprende en el borde, y nos asomamos a la orilla del vidrio. El ruido genera una aproximación al desborde de los sentidos; la conciencia de estos cuellos fileteados por un coral, o un pedacito de arena que tragamos para deshacernos de la tos.
Nos hundimos en un caos de regocijo.
Volvemos a untar los cuerpos en esta danza colectiva del oasis.
Somos paráfrasis de otros peces. Llevamos paréntesis sujetos al nado.
Las mujeres y la novela somos anfibias libremente encerradas en un acuario. Cada palabra, cada gesto, cada hilación ante la secuencia de nuestro bosquejo gotea desde nuestras branquias como el filamento preciso de una poderosa transparencia.
7 de agosto de 2008
Tragedia
Somos los héroes
de esta película de mal gusto
donde la acción está centrada
básicamente
en nuestra capacidad de tocarnos sin rozar,
la etiqueta festiva,
el antifaz
como si la noche
fuese el pretexto
para desvestirnos.
de esta película de mal gusto
donde la acción está centrada
básicamente
en nuestra capacidad de tocarnos sin rozar,
la etiqueta festiva,
el antifaz
como si la noche
fuese el pretexto
para desvestirnos.
Criminología de la mímica
Hasta ahora
Habíamos resultado indiferentes
a toda somatización
y conciencia de la fábula.
Cascabel y alambre
Desde aquella noche no he vuelto a escribir, quizás por miedo, o simplemente por sentir que de todas formas terminaremos ahogados y no habrá manera de reistirnos al matadero.
Más allá de mi negación, pienso en la taxonomía adecuada para tu traje de buzo, porque la noche es un velero asomado en la pulcritud de tu desnudo y todo gesto estará inmolado por la vista lejana de un lago o ese cubito de azúcar disolviéndose lentamente dentro de mi boca.
El abecedario es una mentira que nos inventamos para continuar acezando el fuego.
Lo más maravilloso de ti es que el cuerpo te queda grande; mucho más que la sobrevaloración que has hecho de mis textos y mi habilidad para ponerle nombres a las cosas.
Chocolate o Lynch es un acertijo para cualquier remordimiento incapaz de desnudarse frente a una ventana.
El silencio lo inventamos los noctámbulos para sellarnos el miedo a la impermanencia.
Esto no es una carta ni un diario de vida.
Ni siquiera es un día.
Es el principio de un sueño inconcluso.
Más allá de mi negación, pienso en la taxonomía adecuada para tu traje de buzo, porque la noche es un velero asomado en la pulcritud de tu desnudo y todo gesto estará inmolado por la vista lejana de un lago o ese cubito de azúcar disolviéndose lentamente dentro de mi boca.
El abecedario es una mentira que nos inventamos para continuar acezando el fuego.
Lo más maravilloso de ti es que el cuerpo te queda grande; mucho más que la sobrevaloración que has hecho de mis textos y mi habilidad para ponerle nombres a las cosas.
Chocolate o Lynch es un acertijo para cualquier remordimiento incapaz de desnudarse frente a una ventana.
El silencio lo inventamos los noctámbulos para sellarnos el miedo a la impermanencia.
Esto no es una carta ni un diario de vida.
Ni siquiera es un día.
Es el principio de un sueño inconcluso.
4 de agosto de 2008
Crazy Arms
Es tu noche rockabilly;
Carl Perkins recostado en la orfandad
de tu pelo desprolijo
medio suelto
medio rapado
entumecido por los focos de los autos
que vociferan y lucen
con sus promesas de
estrella artificial.
Tienes la frente marcada
y una huella en el parietal izquierdo
aunque de lejos luzcas
como un anfibio precursor de los rechazos.
Hemos ido turnándonos
para nombrar sinónimos
que tienten a los grandes.
Sin embargo, nos limitamos a la mímica
arreando humanos como vacas
en este pastizal de frutos deformes.
Yo te dije
que soñaba con Johnny Cash
muchísimo antes de conocerte,
aunque tú te referías
a la indumentaria celta
que me cubría la epidermis.
Y te reías
Y transformábamos la noche
en una pausa abominable
porque en cada esquina de Santiago
vociferaban ídolos tildados de superhéroes.
Mi rockabilly
Mi terroncito detestable
Bailemos, que la fiesta no se agota;
ardamos en la hecatombe de estas velas invisibles
como tu dedo en mi llaga;
profundos
(in)humanos y feroces
como mi diente
surcándote el lagrimal.
Carl Perkins recostado en la orfandad
de tu pelo desprolijo
medio suelto
medio rapado
entumecido por los focos de los autos
que vociferan y lucen
con sus promesas de
estrella artificial.
Tienes la frente marcada
y una huella en el parietal izquierdo
aunque de lejos luzcas
como un anfibio precursor de los rechazos.
Hemos ido turnándonos
para nombrar sinónimos
que tienten a los grandes.
Sin embargo, nos limitamos a la mímica
arreando humanos como vacas
en este pastizal de frutos deformes.
Yo te dije
que soñaba con Johnny Cash
muchísimo antes de conocerte,
aunque tú te referías
a la indumentaria celta
que me cubría la epidermis.
Y te reías
Y transformábamos la noche
en una pausa abominable
porque en cada esquina de Santiago
vociferaban ídolos tildados de superhéroes.
Mi rockabilly
Mi terroncito detestable
Bailemos, que la fiesta no se agota;
ardamos en la hecatombe de estas velas invisibles
como tu dedo en mi llaga;
profundos
(in)humanos y feroces
como mi diente
surcándote el lagrimal.
3 de agosto de 2008
Una nueva república
Por si no te has dado cuenta, muero por morderte el lóbulo derecho y ese pedacito de plata que te brilla levemente en el borde. Tu ebriedad no es un fantasma, sino un aliciente para ese rictus facial y el pecado de tus caninos superiores.
Hablas como si nos hubiésemos lanzado a la vía férrea y sin embargo un pequeño universo aflora desde tu pelo rapado como marca del primer nacimiento.
Tienes un ángel tatuado en las costillas aunque estés resuelto a acabar con el ron de una botella barata.
Me miras sin escándalo hablando de tu furioso deseo y culpas a la vida resumiendo en ello tu agradecimiento por lo cotidiano.
Todo habrá de suceder en el silencioso aprendizaje de los laberintos.
Me admiro por esta fábula enclavada en tu necesidad terrestre, húmeda en tu lengua y la noche no alcanza.
Te recordaba desde esos callejones timbrados por el panfletarismo de lo social. Es que la academia es una de las peores cosas que nos han pasado.
Tu ceguera bulle como un mapa en este muro. Tibiamente yazgo inscrita como patrimonio de tu vértebra.
Este hilo conecta la ciudad y tu lejanía se condice con tu belleza.
(Es lo impredecible de tu mordida lo que me marca el cuello con su vociferación de dependencia)
Nostalgia y lentejuelas
En las fiestas de los anfibios, cada reconocimiento implica la existencia de una ética orientada al respeto de sus ciclos vitales.
Así, los más maduros transmiten sus ideas sobre la muerte; moralejas que los comensales en estado larvario procuran aprender, para olvidar después y vivir como si no supiesen absolutamente nada.
Cruz del sur
Los anfibios bailan sobre romances de agua, imbuídos en el sonido de una gotera que les nace de las pestañas.
Aman el ritmo vertical, los laberintos del submundo marino, la manera en que la tierra va tiñéndoles las escamas suavizando su memoria, aplastándolos imperceptiblemente como un nombre que no existe.
Cuando un anfibio habla de deseo, su ceniza no es más que un golpe de ala; nostalgia nevando; lamparitas mágicas nihilistas y angustiosas.
Entonces, las anfibias sonríen y también bailan, incorporándose al murmullo de los idiomas por dentro.
2 de agosto de 2008
Sabina
-Príncipes ya no quedan.
Son todos anfibios.
-No; los príncipes se volvieron reyes
y una planta carnívora se los devoró.
-En efecto.
Cuando las plantas carnívoras
devoraron a los príncipes convertidos en reyes
vomitaron anfibios.
Son todos anfibios.
-No; los príncipes se volvieron reyes
y una planta carnívora se los devoró.
-En efecto.
Cuando las plantas carnívoras
devoraron a los príncipes convertidos en reyes
vomitaron anfibios.
Peces de ciudad
Y el mundo es un hervor de caracolas
ayunas de pimienta, risa y sal
y el sol es una lágrima en un ojo
que no sabe llorar
(Joaquín Sabina)
- Y cuando vuelves hay fiesta en la cocina....
¿Está lloviendo?
- Sabina no me agrada. Sin embargo, estuve en una conferencia de prensa, muy cerca de él, tras su penúltima visita a mi país. (Andaba con disfraz de periodista; no él... yo)
¿Está lloviendo?
- Sabina no me agrada. Sin embargo, estuve en una conferencia de prensa, muy cerca de él, tras su penúltima visita a mi país. (Andaba con disfraz de periodista; no él... yo)
- Sus letras son muy bellas.... Tal vez si oyes más.....
- Siempre llueve en una esquina de la ventana
- Siempre llueve en una esquina de la ventana
o es que naufragamos en algodones de agua;
agujas que masticamos como gatos sin dueño....
“cuando duermo sin ti
contigo sueño”
(un día me cantaron eso y comprendí que ya no me gustaba sabina)
- Te lo cantaron sin lavarse los dientes....
Fíjate que:
"Porque una casa sin ti es una oficina....
un teléfono ardiendo en la cabina.....
un éxodo de oscuras golondrinas.....
venenos que entran por la boca
y se quedan parados
en tu entrada....."
No crees????
- Y sin embargo.
Fíjate que:
"Porque una casa sin ti es una oficina....
un teléfono ardiendo en la cabina.....
un éxodo de oscuras golondrinas.....
venenos que entran por la boca
y se quedan parados
en tu entrada....."
No crees????
- Y sin embargo.
1 de agosto de 2008
Murmullo en tu vértebra de agua
Así,
salvajemente,
te arrojaste a mí
como una plegaria
o un sofisma
deforme.
salvajemente,
te arrojaste a mí
como una plegaria
o un sofisma
deforme.
8:30 AM
Después de amarnos y sosegarnos
nuestro diálogo estará directamente relacionado
con aquellas maravillosas formas de erradicar y purificar
estos cuerpos
de caricias y nombres.
nuestro diálogo estará directamente relacionado
con aquellas maravillosas formas de erradicar y purificar
estos cuerpos
de caricias y nombres.
Precario fundamento de la arcilla
Tu mitología es un trabajo de orfebre;
tan entregada a las causas del misterio
que mi estupor ni siquiera encuentra eco
en el filamento que te emana de la respiración.
tan entregada a las causas del misterio
que mi estupor ni siquiera encuentra eco
en el filamento que te emana de la respiración.
Secuencia o filarmónica
Después de que el mundo nos declarara insomnes
amaneces en mí
hundido en la llaga.
amaneces en mí
hundido en la llaga.
25 de julio de 2008
Tiniebla en prisma
.
Asesíname
Descarga tu interior como un tatuaje
y de esa forma
perpetúa mi electricidad.
Asesíname
Descarga tu interior como un tatuaje
y de esa forma
perpetúa mi electricidad.
23 de julio de 2008
Carta astral
Cuando te dije que Cáncer era el signo de lo materno, respondiste agua; tan aferrado a la nomadía del vértigo, que era posible advertir aquel gesto de mantarraya en tu pupila y ese recoveco grácil de quien ansía una hecatombe uterina acompasada por la pacífica fluidez de mis entrañas.
Tú, como las palabras
braceaste de orilla a orilla,
y al enclavar tus aspas en la prehistoria de mi tejido,
acentuaste los escalofríos
con aquella lengua colonizadora
del viajero que no teme
ser tildado de foráneo.
Al decir "Cáncer" escribí relámpagos en tu espalda. Añadiste el trópico como un referente igualmente válido para consolidar nuestra astrología; y así, sucesivamente, porque de pronto se me agotaron los adjetivos y no fuimos más que escaleras bajo una intemperie soñada. Tan acuosa, prístina y homogénea que aquél hilo con que me fregabas el lomo espantó cualquier amago de maleficio.
22 de julio de 2008
Sustancia previa
Los anfibios suelen amarse sobre lechos de papel diamante, recortados en pequeños trozos por un caracol percudido de gerundios.
Cada mitad simula un tránsito de bicicletas; sustanciosos jeroglíficos; ungüentos de jenjibre, tomillo y menta.
Así, todo amante se recuesta encima de una porción del mundo, azotado por naufragios de ciruela que levemente van entibiando su silueta
como un vapor,
un pespunte de alabastros.
Enebro
En algún momento estuve aquí
no sé si crucificada o hundida
pero sí pensando en el agua
como mi único medio
de salvataje.
no sé si crucificada o hundida
pero sí pensando en el agua
como mi único medio
de salvataje.
Weird Fishes
- ¿Un jardín es un jardín cuándo?
- Un jardín es un jardín
cuando cerramos los ojos
y alguien levemente
nos muerde la mano.
- Un jardín es un jardín
cuando cerramos los ojos
y alguien levemente
nos muerde la mano.
21 de julio de 2008
Gesto dorado
Vuelves a mí
porque el asesino siempre vuelve
al lugar del crimen.
(Oscar Hahn)
Parecía sencillo:
a ti te gustaba cómo escribía
y mi bendita manía de cruzar las piernas.
Bien sabías que el mundo y yo
sorteábamos barreras infranqueables
porque la voz nunca fue mi aliada,
aunque sí ese rito bautismal
de los perros, los tejados y el quisiera.
Ahora en el naufragio
vuelvo a ti
como asesina errante;
una sombra
que no comprende
de arrecifes.
19 de julio de 2008
Louvre
Caro
mi dulce Caro:
Por ahora te escribo
Por ahora te salto dentro de un hielo
Los libros? Los puentes
Los ojos? Los sudarios
La pregunta de si al tocarte
todo debe ser azul
Por ahora llueve
Salgo
Me pongo un impermeable amarillo
Ayer no pude ver Wall-e
Mañana voy a tomar fotos
de una marcha ridícula aquí en este país ensangrentado
y por la nuit veré Batman
Dónde están tus piececitos helados?
Dónde tus manos en el bolsillo de un pantalón de pana verde?
mi dulce Caro:
Por ahora te escribo
Por ahora te salto dentro de un hielo
Los libros? Los puentes
Los ojos? Los sudarios
La pregunta de si al tocarte
todo debe ser azul
Por ahora llueve
Salgo
Me pongo un impermeable amarillo
Ayer no pude ver Wall-e
Mañana voy a tomar fotos
de una marcha ridícula aquí en este país ensangrentado
y por la nuit veré Batman
Dónde están tus piececitos helados?
Dónde tus manos en el bolsillo de un pantalón de pana verde?
18 de julio de 2008
Tu nostalgia blanquecina
Mi amigo imaginario flota, cegado por la hipotermia y el temblor de sus manos, urdiendo redes entre los pelos de su axila.
¿Recuerdas aquella vez que comimos nieve y tú me dijiste tan mojada, tan de huella, tan felina la mordida la mirada y nos miramos sin decir, con deseos rumorosos de blanquearnos, asomados, hostigados, felices?
Mi amigo imaginario duerme bajo mi cama; como ese día, sobre la nieve.
Emperatrices
Hay una pulpa multiforme
abriéndose paso
por la ferocidad de tus espigas
crispadas y sedientas;
secas, ciegas,
no domesticadas.
abriéndose paso
por la ferocidad de tus espigas
crispadas y sedientas;
secas, ciegas,
no domesticadas.
Silueta de gato
Prolongación del bostezo
desde mi fábula
a la constancia de tu luz.
(Lo más maravilloso de todo esto
es sabernos inexistentes
en la concreción
del verbo
como sustancia amatoria)
desde mi fábula
a la constancia de tu luz.
(Lo más maravilloso de todo esto
es sabernos inexistentes
en la concreción
del verbo
como sustancia amatoria)
17 de julio de 2008
Reconstruir el habla
El mar no Frank Sinatra dados hablamos dedos mojamos saltan si quieres por el agua azules pasión entre todos tus comentarios espiar conocer un abrazo dentro del puente por espiar al otro lado de otro y gracias madeja Rimbaud pedacito de lluvia ira acoraza volar manos unas sombras pienso y te leo y tal vez y si entre laboratorio fantasma cubierta montaña dormida me mandas un pliegue por correo barco sol las manos los ojos la hierba recién cortada Nina Simone mira detienes el mundo recorren ciegos los poetas la lluvia las zanahorias abro los pasos mirando la lluvia ventana y a veces lloro lechuga crónicas una palabra sentada te lanzo los climas una foto saco un poema una luz esta peli veré una noche estoy leyendo una palabra el destino estrella manos tu si y ¿? se dibuja un abrazo o tan sombra el aire sobre tan grande música Amélie Nothomb qué fotógrafos encontramos una iglesia cuando mirar un motivo para arriba los motivos herido Takeshi Kitano quitó a besos la máscara de un gato a veces cangrejo cáncer las olas caigo están dejados en tu mirada debajo unos pasos de pequeño iluminado arbolito una silla bandoneón desnudas suena una transcurren memoria en la nieve duerma tal vez huellas avenidas prolonga tu mano bostezo tocan tu mano bajo una cobija.
16 de julio de 2008
Disyuntiva
Tu lengua acorazada habló de personajes que se narraron a sí mismos con la falla y precisión del aprendiz. Yo te decía que el diálogo no es más que la idealización del verbo en la materia y tú quizás no comprendiste, porque lo único que repetías era que tatuara mi boca en los muros de tu casa.
Confirmaste la manera de decir "mariposa" o "manija" u "onomatopeya", y es posible que me sorprendiera tu viciosa pronunciación acerca de la lluvia.
También sonreíste cuando te conté que me temblaban las manos al pintarme las uñas, aunque eso jamás lo vi, pues sucedió cuando ya me había ido.
14 de julio de 2008
Los Climas
(Ella preguntó si aquellos nombres le servían de escudo para esconder la tibia fábula de su marca)
No son escudos. Son amores
parados debajo de mí
encima de mí
acostados saltando entre el agua.
Los referentes no son escudos;
tal vez escudos de fieltro para que el agua entre en la tela.
Es como un gran jardín de infantes (de marina)
donde juegan y se gozan sus colores y los de nosotros.
Si nos conociéramos, tal vez no volveríamos a nombrar a nadie.
El conocerse hace que los clavos pequeños que se usan para escalar un hielo desaparezcan; pero eso no quiere decir que no sea como referirse a alguien que en un momento puede hermanar o hacer odiar....
(Entonces, se hicieron amigos; no de aquéllos que hablan, sino de los que se mantienen en silencio, hablando pudorosamente del resto)
La tipografía muda de tu nombre acerca a mis laberintos astrolabios, recortes, pedacitos de peces cuya lengua enfría el tránsito.
¿No ves que el cuerpo es un gesto perenne de capicúa accidental?
Afuera excedimos los niveles del anclaje.
Dime en qué orbe trenzamos el coral.
(Yo te respondo una palabra ilegible, rodeando tu muslo
con mi lengua de ortiga).
12 de julio de 2008
Nada más lejos de la realidad que lo científico
¿Las ballenas se están comiendo a los peces?
(Nuestras autoridades no dejarán de trabajar mientras eso no se refleje en las votaciones de mayo próximo, a favor o en contra de la cacería).
Aconteceres en pausa
Enroscada en la ribera de tu pelo
el viento me porfía.
Subyace mi sed de líquenes.
(Mi espasmo de rémora
te susurra al oído
una clara metamorfosis
sobre el entusiasmo)
el viento me porfía.
Subyace mi sed de líquenes.
(Mi espasmo de rémora
te susurra al oído
una clara metamorfosis
sobre el entusiasmo)
(...)
Lo sé. Hemos sido extranjeros
hablándonos por señas demasiado cercanas,
ansiosos en las calles
de una nueva ciudad,
esperando tal vez que nos fotografíen
delante de este amor y de sus cicatrices,
eso que confundimos con nuestros sentimientos
o acaso-en noches de locura-
con una sensación de humedad en los ojos.
(...)
(Luis García Montero. Fragmento de En los días de lluvia)
Cuando resolví llamarte Principito Azul me prometí surcar el vaivén de tu boca, tan infinitamente para mí, como ese millón de estrellas; rémoras macizas urdiendo el paso, ese escozor tibiamente dispuesto entre la axila y la ingle; y tu sonrisa, esquiva como la avidez de tu ojo.
Hemos dispuesto una colcha para enrollarnos imitando cardúmenes en fiesta.
El nado es una porción de hojuelas desde la estrechez inhumana de los cuerpos. Tú y yo simplemente flotamos en la humedad que nos nace desde la lengua al lagrimal, y luego el musgo escuálido de fantasías que se adquiere a sí mismo como onomatopeya para nombrarnos.
Estoy anclada en mitad de tu enunciado. Cada fragmento de tu voz viene a unirse a mi noción de océano. Hay acantilados que consiguen darnos forma, pero luego, en la textura de las manos, un naipe de corales juega a merced del verbo.
Esta noche navegamos
por una tintura que no es luz,
sino el juego azaroso
de la desvergüenza.
(Ven,
enséñame cuán ilusoria
es la fábula del miedo).
Hemos dispuesto una colcha para enrollarnos imitando cardúmenes en fiesta.
El nado es una porción de hojuelas desde la estrechez inhumana de los cuerpos. Tú y yo simplemente flotamos en la humedad que nos nace desde la lengua al lagrimal, y luego el musgo escuálido de fantasías que se adquiere a sí mismo como onomatopeya para nombrarnos.
Estoy anclada en mitad de tu enunciado. Cada fragmento de tu voz viene a unirse a mi noción de océano. Hay acantilados que consiguen darnos forma, pero luego, en la textura de las manos, un naipe de corales juega a merced del verbo.
Esta noche navegamos
por una tintura que no es luz,
sino el juego azaroso
de la desvergüenza.
(Ven,
enséñame cuán ilusoria
es la fábula del miedo).
9 de julio de 2008
Mi dislexia es no entender el origen de tu episteme; situarlo lejos de la armadura que te desarma. Así, tal cual: El hierro de tu hecatombe simula riesgos oxidados y ese saber; esa causa descrita renace en el sello de tu oído; tan impecablemente dispuesto para el nado, la excusa, el ser inabarcable de tu higiene, la pulcritud, la b de difumina o el aprendizaje de tu idioma.
Tan bifurcado el sueño, que la cautiva me parece ilusoria, acariciando ferozmente su panza y risueña, anonadada, semiótica.
Dime cómo comienza la mitad de tu sílaba
Enséñame sobre la carne que muerde que rasga sella
Háblame sobre las consecuencias globales de la caza
mientras pienso en Rimbaud
y su ojo marchito.
Tan bifurcado el sueño, que la cautiva me parece ilusoria, acariciando ferozmente su panza y risueña, anonadada, semiótica.
Dime cómo comienza la mitad de tu sílaba
Enséñame sobre la carne que muerde que rasga sella
Háblame sobre las consecuencias globales de la caza
mientras pienso en Rimbaud
y su ojo marchito.
8 de julio de 2008
3 de julio de 2008
Superposición del nombre
Al morderte la clavícula, inmediatamente pienso en la costumbre kinética de difuminarnos a ambos polos del oeste. ¿Nos encontraremos sesgados por esta luz casual que humedece nuestro anonimato, condenándonos a la repetición del nombre o la fábula o el vacío con su sencilla moraleja?
Abajo rueda nuestra laceración dental. Toda carnada sucumbe al exilio de la caza; como un retrato nada más que del zig zag; esa boca dulce que nos tuerce de osadía y de miedo.
Antologamos cualquier secreto que nos resulta original; no sólo por la factibilidad de su escritura, sino porque el diálogo nos desnuda la noche de su marca.
Abajo rueda nuestra laceración dental. Toda carnada sucumbe al exilio de la caza; como un retrato nada más que del zig zag; esa boca dulce que nos tuerce de osadía y de miedo.
Antologamos cualquier secreto que nos resulta original; no sólo por la factibilidad de su escritura, sino porque el diálogo nos desnuda la noche de su marca.
¿Qué es sino?
Tu bigote en formalina
enquistado en mi papila
como referente altruísta.
Lleva llave lava
uniforma el traqueteo
y esta pausa
nos acelera.
(Somos eco de los nuevos convictos)
enquistado en mi papila
como referente altruísta.
Lleva llave lava
uniforma el traqueteo
y esta pausa
nos acelera.
(Somos eco de los nuevos convictos)
Sabiduría Solar
Porque mi amiga te vio y me dijo:
-Caro, vinieron a buscarte, surcando el mar; tal como tu cuerpo se desplaza. Tú soñaste una noche que serpenteabas el Atlántico, y mira... Ese niño está esperándote. Hojea revistas antiguas para asirse de una justificación que los líe y te extrañó tanto en su naufragio... Carito, amiga linda... Yo te quiero ver feliz y no saber que perpetúas la sordera. Míralo, no tengas miedo. Siente cómo su barba se te aferra al cuello y te marca, te enrojece, te saliva. Tú estás para cosas grandes. Necesitas perderte en los barcos. No, cariño. Fíjate que te observa detrás de las charlas y los idiomas anfibios. Es su rompe olas la razón más justificable para el nerviosismo de su trance. Sólo tómale la mano y hazle saber del nácar. Cuéntale en secreto cómo es que las brujas adivinamos las posturas del hechizo.
2 de julio de 2008
Punctum
El álbum fotográfico ilumina tu camino de piel y la manera en que tus cabellos se erizan hasta confundirse con el dibujo de mi mano; secretamente náufraga y cetácea de constelaciones; anversos disímiles y un altruísmo oceánico que liga ambos polos de nuestro desconocimiento; porque la bruma y la niebla y tu antojadiza vergüenza nos llevaron a auscultarnos ciegamente, ordenando a cada falange una porción de carne; tan clara y explosiva como la hilachita de voz que te escucho de lejos, con tu M de quisiera dibujándome tibiamente el nombre y un estigma de niña silenciosa corriendo por los muros.
Tu ritmo desprende una a una las capas del Atlántico. No es que te sitúe en las esquinas braceadas de mi lengua. A veces, preferiría diluírme como boca que muerde el silencio, cobijando bajo el frenillo la premura de tu paso.
Dime, enséñame cómo los activistas defienden el nado el cauce mi verbo de frecuencia marchita.
(Es como si abrieras las alas y tímidamente me sonrieras)
Señuelo croata
No solamente la oratoria. Simular en la mirilla bosquejos anticipados; naufragarnos como comarcas del roce; sin escafandra ni metal plateado en el borde de la pronunciación. Tu lucha mantiene mi carne, como si me enrojecieras el verbo el enunciado la tarifa constante del susurro que nos precede.
Dime si en esos barcos enalteces la silueta de los animalitos que nos surcan.
Hay en tu adentro un hechizo de mi afuera, como si uniéndolos completáramos el vaivén unicornio; el nombre científico; la cetácea, la médula, tu anfibio, mi exageración.
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